El dia de Muertos

Por tanyadominguez | El 31/10/2016 | Comentarios (0)

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Por: Adrián Enciso

“Para los antiguos mexicanos la oposición entre muerte y vida no era tan absoluta como para nosotros. La vida se prolongaba en la muerte. Y a la inversa. La muerte no era el fin natural de la vida, sino fase de un ciclo infinito.”

Octavio Paz, “Todos Santos, Día de Muertos”, El Laberinto de la Soledad.

Una de las festividades más representativas de la cultura mexicana es la que se realiza los días 1 y 2 de noviembre, durante la cual las familias recuerdan y honran a sus parientes fallecidos.  El Día de Muertos es una pieza esencial para comprender la visión de los mexicanos sobre el ciclo vida-muerte y representa un elemento clave de identificación ante el mundo. De hecho, “Las Fiestas Indígenas dedicadas a los Muertos” forman parte de la Lista de Patrimonio Cultural Inmaterial de la UNESCO.

El origen de esta celebración se remonta hasta tiempos precolombinos. Las culturas mesoamericanas realizaban diversos ritos para honrar a sus difuntos, celebrar su vida o, al momento de sepultarlos, ayudarlos a llegar con bien al lugar en el que morarían al dejar este mundo. Al llegar los españoles, los evangelizadores mezclaron estas tradiciones con los rituales cristianos, específicamente los del Día de Todos los Santos. El resultado es una festividad extraordinaria, única en el planeta.

Durante estos dos días, el primero dedicado a los niños y el segundo a los adultos, las personas buscan recordar el estilo de vida que los difuntos llevaban, e intentan replicarlo en las ofrendas, altares de diferentes estilos que contienen diversos elementos para rememorar el paso por este mundo de sus seres queridos.

Las ofrendas son adornadas con papeles de colores que describen escenas de la vida cotidiana con calaveras como protagonistas. A esto se añaden flores de cempasúchil y  velas, esenciales para señalar el camino hacia casa, o para ganar terreno a la oscuridad de los cementerios, que se llenan de familias que visitan a sus seres queridos.

Comida y bebidas son colocadas como los elementos principales : calaveras de azúcar, de chocolate o de amaranto, guisos, dulces tradicionales, mole, tequila,  pan, refresco, mezcal e incluso cigarros.  También se incluyen los objetos predilectos o representativos de la vida de las personas recordadas. Fotografías, ropa, libros, instrumentos musicales, cartas, todo es válido para hacerles saber que siempre han estado ahí, que su rastro por este mundo va más allá de la simple presencia física.

Tanta dedicación tiene una gran razón. En referencia  a la concepción indígena de la existencia humana, si la muerte alarga la vida, es natural que los que se han ido regresen de vez en cuando para convivir con los que aún están en este plano de la existencia.  Por lo tanto, este rito se transforma en celebración. Se celebra la posibilidad de estar juntos de nuevo, de compartir la comida y la bebida y de recordar como fue la vida de las personas que ya no están.

De una manera similar, muchas familias se reúnen para cenar en casa, para platicar y convivir con aquellos que quizá hace tiempo que no se veían. Es así como el Día de Muertos se convierte en un punto de encuentro entre los vivos también: la reunión se convierte en fiesta, en intercambio de anécdotas, de recuerdos. Vida y muerte, pasado y presente, todo se funde en un único instante.

 

               

Foto

Adrian ha estudiado y trabajado  en México y Francia.

Él cree firmemente que la diversidad es el camino hacia el desarrollo

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